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viernes, 30 de diciembre de 2022

DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA, JULIO LLAMAZARES

Distintas formas de mirar el agua 

Julio Llamazares 

N º de páginas: 200

Editorial: Alfaguara 

Año de publicación: 2015

Género: Narrativa contemporánea 



Foto zenda

Julio Alonso Llamazares (Vegamián, León,  28 de marzo de 1955) es un guionista de cine, novelista, narrador y poeta español. Nació en el desaparecido pueblo leonés de Vegamián, donde su padre, Nemesio Alonso, trabajaba como maestro nacional poco antes de que la localidad quedase inundada por el embalse del Porma.
Su obra abarca prácticamente todos los registros literarios, desde la poesía, - La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve  (1982)- a la literatura de viaje -El río del olvido (1990 - 2006), Cuaderno del Duero (1999) y Las rosas de piedra (2008), primer volumen de un recorrido sin precedentes por España a través de sus catedrales-, pasando por la novela Luna de lobos (1985), La lluvia amarilla (1988), Escenas de cine mudo (1994), El cielo de Madrid (2005), Las lágrimas de San Lorenzo (2013) y Distintas formas de mirar el agua (2015)-, la crónica-, El entierro de Genarín (1981)-, el relato corto -En mitad de ninguna parte (1995), Tanta pasión para nada (2011)- y el guión cinematográfico. Sus artículos periodísticos, que reflejan en todos sus términos las obsesiones propias de un narrador extraordinario, han sido recogidos en los libros En Babia (1991) Nadie escucha (1995) y Entre perro y lobo (2008). 

Sinopsis

¿Puedes regresar a un lugar del que nunca te marchaste? Una novela sobre el destierro, la memoria y la nostalgia de lo perdido.

La gente no sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición del último de los pueblos que aquí existieron. De ahí que algunos exclamen mientras lo contemplan: "¡Qué bonito!"... Y qué triste, añado yo.

En medio de un paisaje hermoso y desolador, la muerte del abuelo reúne a todos los miembros de una familia. Junto al pantano que anegó su hogar hace casi medio siglo y donde reposarán para siempre las cenizas de Domingo, cada uno reflexiona en silencio sobre su relación con él y con los demás, y sobre cómo el destierro marcó la existencia de todos ellos.

Desde la abuela a la nieta más pequeña, desde el recuerdo de la aldea que los mayores se vieron obligados a abandonar a las historias y pensamientos de los más jóvenes, esta novela es el relato coral de unas vidas sin vuelta atrás, un caleidoscopio narrativo y teatral al que la superficie del pantano sirve de espejo.

No existe una única forma de mirar el agua, pero el sentimiento de desarraigo, de exilio definitivo, ha permeado gota a gota a esta familia, generación tras generación. Tal vez porque ningún lugar duele tanto como aquel al que jamás podrás volver si no es desde el recuerdo o una vez muerto. Pero lo importante es regresar, como Ulises a Ítaca. No importa cómo ni de qué forma.


Opinión personal

Distintas formas de mirar el agua es una novela bastante corta que se lee rápido. El autor se ha inspirado para escribir esta historia en el pueblo de Ferreras, un pueblo como el suyo, Vegamián, que también fue sepultado por las aguas del embalse del Porma en 1969.

Domingo decidió que al morir llevaran sus cenizas al embalse que anegó el pueblo donde nació y vivió hasta que fueron obligados a abandonarlo. Allí estaban enterrados todos sus antepasados, y también su hijo mayor, que murió cuando era pequeño. Nunca quiso volver en vida. Otros miembros de su familia si volvieron. Ahora se reúnen todos allí para cumplir la última voluntad de Domingo.


Domingo prefería olvidarse del pasado 

Pero la vida lo complica todo. 

Podemos decir que es una novela coral. No encontraremos un protagonista principal, todos los miembros de la familia tienen su protagonismo. Está dividida en 15 capítulos. Cada uno corresponde a un miembro de la familia de Domingo que nos contará su punto de vista, su experiencia personal, su relación con el pantano y lo que representó el abandono de la tierra y el pueblo donde tenían sus raíces. Virginia, la viuda, sus cuatro hijos (Virginia, José Antonio, Teresa, y Agustín), sus parejas, y algunos de sus nietos, todos tendrán voz, y veremos los distintos puntos de vista.


¡Qué impresión debe de dar haber nacido y crecido en ellos y verlos desaparecer de golpe!


Uno de los nietos piensa al contemplar el paisaje:

Definitivamente no me gusta nada esto. Mientras más contemplo este sitio, más fantasmal me parece, por mucho que a primera vista sea un lugar hermosísimo...


Otro de sus nietos, que es ingeniero de caminos:


Sabe que su país necesita obras de ingeniería que favorezcan la vida de sus habitantes. Y que esas obras producen daños. Lo que hay que limitarlos en lo posible.


Una de las hijas, Virginia, recuerda con nostalgia donde se fueron y tuvieron que empezar una nueva vida de la nada.


Ni siquiera el nacimiento de mis hijos me hizo olvidar a mis padres y aquel poblado creado desde la nada por ellos y otras personas como ellos en medio del desolado páramo palentino.


Todos los personajes están muy bien perfilados. Cada uno nos dará su opinión, desde los nietos que se han criado en la ciudad, hasta el hijo que ha vivido siempre con ellos. Los mayores recuerdan, cuando se marcharon, el dolor de sus padres por esa especie de destierro. Es una novela interesante, triste, y llena de nostalgia. Cada uno nos hablará de su manera de ver al pantano, su forma de mirar el agua.


Como dice Agustín, el hijo menor de Domingo, que vivió siempre a la sombra del padre.


Hay distintas formas de mirar el agua, depende de cada uno y de lo que busque. Él lo sabía todo del agua, y del aire, y de la tierra… La forma de mirar el agua me la enseñó él también. Él me lo enseñaba todo. 


Leyendo esta novela nos podemos imaginar lo que puede suponer que desaparezca tu pueblo, perderlo todo, que te obliguen a dejar tu casa, tu tierra, tu forma de vida y tus raíces para ir a otro lugar a empezar de cero. 


Otras frases

Para mí el abuelo fue eso toda su vida: un Ulises campesino y provinciano cuyo sueño era volver al sitio en el que nació por más que nadie lo esperara en él. 


Aunque me sobrecoge aún más este paisaje sin alma, este valle sumergido y silencioso, no sólo por el pantano, tan inquietante, sino porque conocí lo que yace bajo él.


Por eso hay que aprovechar cada minuto de nuestro tiempo, que se va a toda velocidad, en lugar de regodearse en el dolor de lo que perdemos.


¿No será que el secreto de la felicidad es conformarte con lo que tienes, con lo que a base de esfuerzo vas consiguiendo por ti mismo, con el amor de unas pocas personas que la vida puso a su lado, con la tranquilidad que dan la felicidad y la compañía de una mujer a la que conociste un día y que, si entonces te pareció la mejor del mundo, quizá fue porque lo era?



Distintas formas de mirar el agua es una interesante novela coral sobre el destierro, el abandono y el olvido.


           Lourdes